sobre ni.butoh, introducción

Ni TEATRO Ni DANZA

Durante años he estado desarrollando una visión personal sobre la danza butoh que ha catalizado en lo que llamo ni.butoh. Esta visión es flexible y está en constante transformación.

Ni. Enfrentar el concepto para descubrir el significado.
Ni. Enfrentar el yo para descubrirme.
Ni. Enfrentar la dualidad para aceptar la unidad.

El butoh es una danza de la vida, de la libertad. Busca tomar conciencia de la vida y de la belleza de cada instante. Para esto el butoh se centra en tomar conciencia de la muerte, del valor de ser uno mismo, de la dignidad de la muerte y de la vida como una paradoja “infinita, insistente e inevitable”, a través de una confrontación del alma con el cuerpo humano, busca integrar la dualidad de la existencia (vida/muerte, masculino/femenino, consiciente/incosciente, futuro/pasado…) y encontrar una forma de expresión única de cada ser pero a la vez común a todos, una verdad del alma a través del cuerpo, que permita a la sabiduría inconsciente manifestarse a través del movimiento consciente.

Mediante la compransión de nuestros límites físicos, emocionales y psicológicos podremos entrar en un espacio de vacío desde el que podremos escuchar el misterio, llamar a la puerta tras la que se encuentran las memorias ocultas de nuestro cuerpo y dejar que el movimiento surga desde otro lugar, más profundo. La llave, nuestra sensibilidad.

Busco la esencia del movimiento y la expresión. La autenticidad de cada ser en su manera de comunicarse con el mundo y consigo mismo. Busco la manera de extrapolar esta enseñanza para adecuarla a la comunicación escénica, desarollando una vía del artista escénico; de manera que podamos conseguir un impacto profundo tanto en nosotros mismos como en el público.

Ni, vacuidad unificadora

Al aceptar que nuestra práctica no se basa ni en la aceptación ni en la comprensión racional entramos en un espacio ambiguo, un espacio difuso donde las fronteras conceptuales se diluyen. Es un espacio donde nos es difícil nombrar con especificidad lo que sucede. Una persecución entre el misterio inabarcable y la comprensión de éste a través de la experiencia.

Más allá de la ambigüedad, un espacio de unión.

La danza butoh sucede en un estado donde nos acercamos a algo esencial y primario. Negamos la definición dada a la experiencia de la danza para permitir que sea lo que está siendo. La experiencia del cuerpo que baila queda siempre por encima de la explicación de esta experiencia y en muchos casos la experiencia y la explicación de esta son incompatibles.

El ser en si es la experiencia.

Practicamos la idiotez, la capacidad de maravillarnos y soñar, la capacidad de jugar y simultáneamente las habilidades para analizar y comprender las sensaciones del cuerpo y las consecuencias que tiene en la experiencia de la danza. Así conseguimos permitirnos llegar al estado de vacío en el que la danza surge y la mente se dispone como herramienta para ese surgir de la danza. 

Ni, paradoja incierta, espacio incógnito

En castellano, «ni» es la partícula que nos permite encadenar negaciones. En este caso aprovecho este espacio de dobles negaciones no para marcar la negación como verdad sino para, a través de la negación, abrir espacios de misterio, de incerteza. Espacios donde no exista lo imposible.

El butoh ni es teatro ni es danza, y aún así es ambos.

La ausencia de afirmación me otorga la plasticidad que permite enfrentar el misterio. Cada afirmación absoluta elimina las posibilidades inherentes a la vida, a la experiencia de la vida. La afirmación de un concepto impide su misterio y la danza butoh sucede en un espacio de misterio.

La danza butoh no puede ser atrapada por el lenguaje, no se puede comprender con un pensamiento ajeno a la propia experiencia de danzar. La danza y el pensamiento son inseparables y tan solo al entregarnos a esa unión podemos  experimentar la danza butoh. Permitir al pensamiento danzar en el misterio. El pensamiento danzante es una negación de lo rígido.

La práctica de la danza butoh necesita de afirmaciones para hacerse concreta. Afirmaciones que nos permitan investigar diferentes perspectivas de un mismo ejercicio, profundizar en determinadas líneas de trabajo. Son los pilares sobre los que construir la siguiente pregunta. Porque su fin último es una pregunta.

El significado es el preguntar.

Es necesario revisar las afirmaciones acumuladas durante la práctica para regarlas de incertidumbre y permitirles crecer en el misterio. Como el río que cae en cascada y por un instante deja de ser río para quizá no volver a serlo. Así el butoh nos invita a profundizar una y otra vez en las cuestiones más sencillas. Lo que quiero descubrir no está en las respuestas, si no en la experiencia de preguntarse.

Ni, inmersión en lo ajeno

La identidad es el filtro de «verdad» que aplicamos a la experiencia de la realidad. Las identidades cultural, familiar y personal nos presentan una faceta de cada experiencia como verdadera, ocultando otras que permanecen en el misterio. Una identidad fuerte y poderosa nos aleja del misterio, estrechando las posibilidades de sentir la vida a través de la danza.

Morir y renacer, una y otra vez, a cada instante.

En la practica de butoh debemos atravesar todas las capas que hemos estado acumulando sobre lo más esencial del ser. Capas fundamentales para la supervivencia en el día a día que debemos comprender y aprender a desactivar cuando no son necesarias. Capas dañinas adheridas a la piel invisible del cuerpo durante generaciones, de las que podemos renacer. Capas de alegría o de miseria. Cada capa es innecesaria en la danza butoh.

Ni soy yo, ni soy otro. Ni somos. Ni. soy yo, Ni. soy otro, Ni. somos.

El espacio Ni es un espacio ajeno a la identidad. Atravesando la verdad que impone mi identidad permito que aparezcan otras facetas de mi posibilidad de existencia y me acerco así a la esencia de la danza, alejada de la cultura y la identidad personal. Esta danza sucede en un lugar donde todas las cosas son esencialmente lo mismo.

Ni, cuerpo imposible

Muchas de las técnicas y ejercicios en la práctica Ni nos enfrentan una y otra vez con los cimientos de la construcción de uno mismo y de la comprensión del mundo que nos rodea, no tanto a través de la razón sino de la experiencia. El cuerpo «es lo que es y no puede ser otra cosa» será uno de los primeros imposibles al que nos enfrentamos.

No bailes la flor, sé la flor.

Encontraremos aberturas al imposible desde la perspectiva física, mental, emocional e incluso en terrenos imaginarios. Enfrentar estos imposibles es una tarea muy delicada que debe realizarse con salvaje respeto para profundizar en el espacio Ni. Hacerlo sin disponer de la atención necesaria nos enseñará el valor de las lesiones en nuestro trabajo.

El polluelo necesita de la cáscara para nacer.

Uno de los matices más sabrosos que encuentro en esta práctica es que cada imposible se presenta una y otra vez de numerosas formas, es un trabajo infinito. Cada triunfo ante un imposible tiene una duración limitada al tiempo que lo enfrentamos. El éxito es efímero y se escurre entre los dedos mientras lo bebes.

Ni, creación escénica

En el momento de la creación escénica el espacio Ni se enfrenta a un encapsulado en definiciones que han sido acumuladas durante generaciones. Qué es y cómo es la escena. Cuánta escena.

El diálogo entre la experimentación libre en lo innombrable y la necesidad de entregar un trabajo al público que pueda pernear sus diferentes capas de sensibilidad exige una negociación continua en la que equilibrar el peso del contenido y el contenedor.

El “teatro bajo la arena” sucede al ”aire libre”.

La mayoría del público no aceptará ni el imposible ni el vacío sin una adecuada predisposición. El contenedor escénico es el encargado de generar esta predisposición, crea un espacio acogedor para las limitaciones de la identidad, mientras la esencia perturbadora del misterio penetra tímidamente en los recovecos del ser.

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Categorías: FORMACIÓN, ni.butoh

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