Ni, vacuidad unificadora

Durante años he estado desarrollando una visión personal sobre la danza butoh que ha catalizado en lo que llamo Ni.butoh. Esta visión es flexible y está en constante transformación.

Al aceptar que nuestra práctica no se basa en la aceptación ni en la comprensión racional entramos en un espacio ambiguo, un espacio difuso donde las fronteras conceptuales se diluyen. Es un espacio donde nos es difícil nombrar con especificidad lo que sucede. Una persecución entre el misterio inabarcable y la comprensión de éste a través de la experiencia.

Más allá de la ambigüedad, un espacio de unión.

La danza butoh sucede en un estado donde nos acercamos a algo esencial y primario. Negamos la definición dada a la experiencia de la danza para permitir que sea lo que está siendo. La experiencia del cuerpo que baila queda siempre por encima de la explicación de esta experiencia y en muchos casos la experiencia y la explicación de esta son incompatibles.

El ser en si es la experiencia.

Practicamos la idiotez, la capacidad de maravillarnos y soñar, la capacidad de jugar y simultáneamente las habilidades para analizar y comprender las sensaciones del cuerpo y las consecuencias que tiene en la experiencia de la danza. Así conseguimos permitirnos llegar al estado de vacío en el que la danza surge y la mente se dispone como herramienta para ese surgir de la danza. 

Categorías:ni.butoh

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