enseñar es compartir una práctica viva
enseño
agujerear la identidad, afilar la sensibilidad, cultivar el cuerpo.
artesanía del espacio/tiempo. artesanía del viajero de las emociones.
artesanía de la comunicación en vivo. artesanía del hueco, al fin y al cabo.
todo lo que sé lo enseño. y solo cuando lo enseño comprendo que lo sé.
El trabajo se organiza en tres líneas que comparten una misma raíz: la búsqueda de una presencia esencial, honesta, que nace de la escucha profunda del cuerpo y del mundo.
ni.butoh
una visión del butoh desarrollada desde 2008. 12 talleres en 4 caminos.
VACUIDAD · PARADOJA · OTRIDAD · IMPOSIBLETres principios que guían cómo enseño, independientemente de la línea o el formato.
respeto salvaje
profundo, verdadero y a veces contra toda razón
respeto salvaje
Es profundo y verdadero, y puede ir contra tu razón. El respeto salvaje está vivo y no puede fijarse en leyes escritas. No es repetible: lo que fue un acto de respeto salvaje en un momento puede no serlo en el siguiente.
confianza intuitiva
navegar en la inmensidad sin brújula ni faro
confianza intuitiva
Navegamos en territorio desconocido. Sin estética ni canon, sin ritmo ni razón. En la vasta inmensidad de la nada no hay referencias ni faros que guíen. Necesitamos confiar — no en los pensamientos ni en los sentidos, sino en la reunión de toda una vida en lo que llamamos intuición.
desafío adecuado
entrenar el cuerpo para que la danza suceda sola
desafío adecuado
Entrenamos para alcanzar ese momento en que el cuerpo reacciona por sí solo a los impulsos antes de que el bailarín se dé cuenta de lo que ocurre. Lo llamo modo supervivencia: similar a lo que sucede ante un gran peligro. Entrenamos para ese peligro, ajustando el desafío a cada momento y cada cuerpo, para que esté listo cuando llegue la pérdida de identidad y la danza pueda suceder.
no hay talleres programados en este momento.
Caí en la enseñanza. no fue una decisión, fue una consecuencia. llevaba años aprendiendo y un día alguien me preguntó si daba clases. me aterré.
El primer taller que di fue con personas de 17 a 63 años. Un taller en el que no tenía ni idea de lo que hacía, ellos tampoco. Y en ese no saber compartido pasó algo real.
Desde entonces no he parado. el terror nunca ha desaparecido del todo. pero con él convive algo más potente: el placer de que otra persona encuentre en su cuerpo algo que no sabía que estaba.
Todo lo que sé lo enseño. y solo cuando lo enseño comprendo que lo sé.
