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«Con un suspenso y hasta humor regresa a las tablas del teatro nacional la puesta en escena “Frankenstein”, en esta ocasión bajo la dirección del español Matilde J Ciria.»

Melissa González, La República.

EL PROYECTO

Un diálogo entre lo monstruoso y la sociedad.

La invitación de Fred Herrera, entonces director del Teatro Nacional de Costa Rica, trazó un horizonte claro: concebir una adaptación de Frankenstein que manifestara en las siguientes claves:

  • Establecer un inquietante paralelismo entre el acoso escolar, esa lacra silenciosa que marca la juventud, y el sufrimiento visceral de la criatura en la novela.
  • Articular la narración en una estructura tripartita esencial: el laboratorio primigenio, el refugio familiar profanado y la gélida persecución final en las nieves.
  • Desplegar ante el público costarricense lenguajes escénicos inexplorados, con la danza butoh como vehículo privilegiado para la expresión de lo inefable.
  • Ofrecer dos espejos de la misma historia: una versión concisa para la sensibilidad estudiantil (alrededor de 45 minutos) y una inmersión más profunda para el público general (aproximadamente 80 minutos).

Es crucial subrayar que esta propuesta se integró en el programa visionario «Érase una vez…», impulsado por Fred Herrera desde el Teatro Nacional en alianza con el Ministerio de Educación. Un proyecto concebido para democratizar el acceso a la riqueza cultural del Teatro Nacional, tanto su imponente arquitectura histórica como su capacidad de evocar mundos a través de las obras que allí se presentan, ofreciéndolo gratuitamente a todos los escolares del país. Tuve, además, el privilegio de colaborar en la creación de la ficha pedagógica que sirvió de brújula a los docentes para expandir y enriquecer la experiencia teatral en las aulas.

El resultado fue un tejido artístico de notable calidad, urdido con la dedicación fervorosa de cada persona involucrada. Tras la temporada de 2016, la obra trascendió las demás producciones del Teatro Nacional de ese año, siendo elegida por las propias escuelas para revivir su impacto al año siguiente, nuevamente bajo el auspicio de «Érase una vez…». Así, en 2017, emprendimos de nuevo esta odisea creativa, afinando escenas y puliendo los ritmos narrativos con esmero renovado. Tuvimos la fortuna de compartir este trabajo con alrededor de 20.000 espectadores, convirtiéndose en la obra de mayor resonancia directa en mi trayectoria hasta esa fecha.

Nos adentramos en el laberinto emocional de Víctor y su criatura, figuras que encarnan la intrincada dualidad inherente al ser humano.

ADAPTACIÓN y DISEÑO

Navegando la incertidumbre, esculpiendo la visión

Esta pieza se erigió como un Everest de desafíos personales y artísticos, un territorio inexplorado donde el vértigo del fracaso acechaba en cada paso. Enfrentaba, por un lado, la imponente infraestructura del Teatro Nacional, un coloso burocrático ante el que mi pequeñez se sentía palpable. Luego, la tarea de insuflar nueva vida a una novela inmortal, revisitada hasta la saciedad, marcaba mi debut en la adaptación literaria para las tablas, todo ello sin desatender las exigencias artísticas y técnicas requeridas. A esto se sumaba la complejidad de colaborar con un equipo creativo desconocido, separado por diez mil kilómetros de distancia, y la limitación de trabajar con un elenco predefinido.

Tras la inmersión inicial en el universo de Mary Shelly y su resonancia contextual, las primeras decisiones debieron tomar forma rápidamente, marcando el inicio del diálogo creativo con el escenógrafo y el compositor.

La criatura emergió como el eje central, el faro que guiaría la narración. Además, identifiqué dos momentos nucleares, dos puntos de inflexión dramática que, integrados como interludios, permitirían presentar la obra en versiones fluidas de aproximadamente 50 y 70 minutos, sin interrupciones que fracturaran el ritmo emocional de la obra.

Tuve la fortuna de tejer este intrincado diseño con un equipo de artistas excepcionales, cuya entrega entusiasta y talento innato facilitaron cada etapa del proceso. A pesar de la distancia física, logramos construir un entramado artístico de profunda belleza. Al pisar finalmente suelo costarricense para iniciar los ensayos, la obra poseía ya un esqueleto robusto y prometedor, listo para cobrar vida.

NOTA DEL ARTISTA

«Trabajar con este mito me hizo entender que todos somos creadores de monstruos. Como decía el zorro de El principito «somos responsables de lo que domesticamos». La verdadera monstruosidad está en la incapacidad de amar lo que creamos en nosotros mismos. Espero que el público salga con más compasión hacia sus propios monstruos internos.»

ENTREACTO

Un crisol de la primera metamorfosis de la criatura, abocada al rechazo de su creador y de la sociedad. Un lenguaje puramente físico, donde el butoh emana de cada rincón del escenario como un grito silencioso.

GALERÍA ENTREACTO

ENTREACTO

Un díptico danzado que transita entre la danza contemporánea y el teatro físico, con trazos de contact impro.
Narra los esfuerzos desesperados de la familia de Víctor (William) por rescatarlo de su locura.
Su desenlace es trágico: la criatura arrebata la vida de William.

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FICHA ARTISTICA

· Clasificación: Teatro / Teatro Físico / Clown / Danza Butoh
· Elenco
Arturo Campos
Michael Dionisio Morales
Luis Daniel Cubillo
Noelia Jiménez/Diana Betancourt
Greivin Chavarría/Dennis Gustavo Quirós
Katherine Moya
Karina Moya

· Dirección escénica y adaptación: Matilde J Ciria
· Asistente de Dirección: Rafaela Bidarra
· Producción artística: Sofía Rodríguez/Sonia Suarez Gomez
· Diseño de escenografía y realización: Fernando Castro
· Diseño de vestuario: Rolando Trejos
· Música Original: Fabian Arroyo.
· Diseño de iluminación: Telémaco Martínez
· Maquillaje: Manuel Vindas y Maurice Sagot
· Diseño gráfico: Natalia Calderón, Vanesa Martínez y Ana Mariela Rodríguez
· Fotografía: Ana Mariela Rodríguez