
Danzo lo que mis abuelas no pudieron danzar.
Virginia Torres
CONCEPTO
Un solo que fusiona el espíritu crudo del flamenco con la profundidad del butoh. Borboleta do Céu e da Terra —mariposa del cielo y de la tierra— es una pieza de danza experimental con música en vivo, concebida e interpretada por Virginia Torres. Explora el cuerpo como archivo vivo: memoria cultural, identidad, libertad. Lo que se hereda y lo que se suelta.
Nació en Taipéi, durante una residencia de creación en Shinehouse Theatre, empapada de las capas multiculturales de la ciudad. Desde allí ha viajado: al Want to Dance Festival de Taipéi, a la Sierra Norte de Madrid, a Granada, donde todo empezó. Se mueve entre la tradición y la experimentación y se despliega en resonancia con cada espacio que habita, sea una caja negra o una plaza de noche.
Entro en la obra como director de su versión actual, chrysalis: la crisálida, el estado intermedio. Mi trabajo ha sido abrir el foco. Lo que era un viaje íntimo de Virginia pasa a leerse también como el viaje del flamenco mismo: la migración milenaria del pueblo romaní desde la India hasta Andalucía. Dos éxodos, uno colectivo y otro personal, que se miran en el mismo espejo.
HISTORIA Y MEMORIA
Un pueblo en exilio constante. El flamenco lleva en la sangre la migración intergeneracional del pueblo romaní, absorbiendo influencias en cada etapa. Un viaje marcado por la frustración y la rabia de una gente a la que se le impidió asentarse en tierra alguna. Durante el éxodo, su único hogar era la identidad cultural que llevaban consigo: en transformación constante, pero brújula de su deambular. Cuando ya no hubo más territorio al que continuar, fue su cultura la que les dio un lugar. Una peregrinación hacia una tierra prometida que no estaba en ninguna parte y que, sin embargo, alcanzaron.
Flamenco y butoh. El flamenco grita en alto el viaje de su identidad: muestra con orgullo el sufrimiento atravesado, la cultura como salvavidas de la esencia vital, navío en un océano salvaje. El butoh también habita el dolor y la muerte, pero no erige castillos de identidad para sobrevivir: habita el flujo vital del que no se puede escapar y disuelve los juicios para encontrar lo que hay debajo. Uno construye para resistir; otro desmantela para liberar. Cada uno le da la vuelta al sufrimiento por caminos opuestos, y ambos tocan el mismo fuego.
Un éxodo personal. Danzas de ida y vuelta. A Virginia la presión social la alejó de la danza tras el conservatorio de danza española. La danza institucional se había vuelto violencia: el juicio estético machista, el perfeccionismo que busca el resultado por encima de todo, la necesidad de encajar en moldes ajenos. Bailar era una prisión que ahogaba el deseo de danzar que emanaba de los huesos. Comenzó entonces un viaje —India, España, Portugal, Tailandia, Taiwán— en busca de esa danza perdida, que no fuera solo suya sino de todas sus mujeres. Fue a través del butoh como pudo atravesar los muros que el sistema había levantado dentro de ella. Un flamenco de ida y vuelta que no viaja a Sudamérica sino a Asia. Un nuevo mapa para reconectar con una danza ancestral.


Borboleta do Céu e da Terra es una pieza en honor a mis abuelas. Danzo por lo que ellas no pudieron danzar. Danzo para transformar la herida del linaje femenino, para liberar el sufrimiento que habita los cuerpos de las mujeres debido a siglos de opresión patriarcal. Es una danza que desata nudos, que limpia la herida, que cose desde adentro. Conectando con la raíz, con la memoria del cuerpo, para desde ahí volar.
Virginia Torres
SINOPSIS
Una mujer sentada, el rostro cubierto por un mantón. ¿Es un lugar de nacimiento, una familia, un idioma o una nacionalidad lo que define quiénes somos? Capas de identidad que danzar hasta tocar aquello que emana de lo Uno. «El amor es lo que queda cuando no queda nada.»
La fragilidad es una marioneta rota, lista para arder y desvanecerse en el éter. Putas y monjas caminan lado a lado, cargando el peso de sus abuelas. El cuento se escribe solo.
Desde un nudo nace una mariposa, llevando el aroma de las rosas a quienes han olvidado. Una libélula ruge, erupciona como un volcán, canaliza el duende. Al ritmo de bulerías se ríe del juego cósmico y nos conecta con las abuelas bajo la tierra.
Ni homenaje al flamenco ni traición al butoh: una danza de transformación. Un viaje crudo y poético hacia el corazón de la libertad, donde el movimiento disuelve fronteras e invita a lo desconocido.
EL DUENDE
La pieza bebe de una esencia compartida por el flamenco y el butoh: la búsqueda del duende tal como lo describió Federico García Lorca. Una fuerza nacida de la tierra que no tiene que ver con la técnica ni con la belleza, sino con lo que arde en la sangre. Emerge de cuatro cosas: una conciencia íntima de la muerte, una conexión con la tierra, un roce con lo diabólico y una entrega a lo irracional. Esas mismas fuerzas laten en el butoh, donde la danza nace de la oscuridad, la memoria y el subconsciente antes que de la forma.
La otra referencia es Admiring La Argentina, de Kazuo Ohno. Ohno no reproduce el flamenco: lo encarna desde lo invisible, cruzando fronteras de tiempo, espacio y género. Lorca y Ohno crearon desde cuerpos atravesados por lo no normativo, desde el margen y el dolor de no poder ser. Borboleta se inscribe en esa constelación. No para imitar, sino para escuchar: a la tierra, a lo invisible, a los ecos de quienes danzaron —y resistieron— antes.
El paisaje sonoro de Chia-Chun Xu, interpretado en directo con mesa de mezclas sin entrada —ruido experimental atravesado por ritmos flamencos—, amplifica la tensión entre la quietud y la intensidad.
NOTA DEL ARTISTA
Cuando Virginia me pidió que dirigiera esta pieza, ya existía, ya había volado en Taipéi. No había que crearla: había que escucharla. Y lo primero que oí fue que su viaje personal no estaba solo. Detrás del flamenco hay un pueblo que caminó durante siglos sin que le dejaran quedarse, y que hizo de su cultura el único suelo firme. Cuando puse las dos historias una al lado de la otra, el solo dejó de ser un solo.
Dirigir a una bailarina que viene del flamenco y ha pasado por el butoh me ha enseñado algo sobre los dos lenguajes que yo no sabía: que se contradicen en el método y coinciden en el fuego. El flamenco levanta, el butoh deshace. Mi trabajo ha sido no elegir. Dejar que la crisálida sea crisálida: ni oruga ni mariposa, ese momento incómodo en que uno ya no es lo que era y todavía no es lo que será.
Espero que quien la vea salga con ganas de preguntar a sus abuelas qué no pudieron bailar.
GALERÍA
VÍDEO
FICHA ARTISTICA
· Clasificación: Danza experimental / butoh y flamenco / solo con música en vivo
· Creación: 2024 (Taipéi) · versión chrysalis: 2025
· Duración: 45–55 min
· Calificación por edades: público adulto
· Concepto, creación e interpretación: Virginia Torres
· Dirección: Matilde J. Ciria
· Composición, diseño sonoro y música en vivo: Chia-Chun Xu (Jared Xu)
· Vestuario: María Pinky
· Diseño de iluminación: Matilde J. Ciria
· Vídeo: Raúl Bartolomé
· Residencia de creación: Shinehouse Theatre, Taipéi (Taiwán)
· Presentada en: Longshan Cultural Center y Want to Dance Festival (Taipéi) · Centro Comarcal de Humanidades Sierra Norte (Comunidad de Madrid) · Sala El Apeadero (Granada)
· Fotografía: Shinehouse Theatre / Want to Dance Festival
· Virginia Torres: virtorresp.com · @yourbodybreathes





