«Danzando lo que no se puede cantar»
MATILDE
CONCEPTO
Antes de que Pinkerton pise la colina sobre Nagasaki, antes de que la casa se abra y se cierre a su antojo, hay una sombra que ya lo señala. Esa fue mi entrada en Madama Butterfly: no cantar, no hablar, sino habitar el cuerpo de una sociedad que reprende, que recrimina, que anticipa en silencio el peso de lo que va a ocurrir. Un gesto colocado junto al compás, una grieta corporal en el inicio de una historia que ya sabemos trágica.
Armin Heinemann, director escénico y promotor del festival, había sido explícito sobre su lectura de la obra en la prensa previa al estreno: rechazaba situar la ópera «en una época concreta y tampoco en un país concreto», conservando solo referencias japonesas reinterpretadas «a nuestra manera», y declaraba preferir trabajar «sobre aspectos más filosóficos y psicológicos» antes que sobre la anécdota romántica. Para Heinemann, Madama Butterfly no era una historia sentimental sino un choque: Oriente y Occidente, paternalismo cultural, la relación desigual entre quien llega y quien habita, entre opresores y oprimidos. Esa sombra que yo encarnaba era cuerpo puesto al servicio de esa relectura: una advertencia muda sobre el desequilibrio que la música aún no ha empezado a cantar.
La lógica de Heinemann se manifiesta tambiñen en un vestuario que casi canibaliza la escena y una puesta en escena que el crítico de La Vanguardia describió como «anárquica pero sumamente creativa»— encontró en mi propio lenguaje corporal un territorio afín. El butoh nace también de esa pulsión: cuerpo que se deshace para decir algo que la forma intacta no podría.
Mi trabajo se desplegó en dos planos. Por un lado, esa figura-sombra. Por otro, una serie de intervenciones coreográficas propias repartidas en distintos momentos de la obra, algunas creadas específicamente para esta producción y otras adaptadas de Pinza [Machina Mundi], mi pieza de butoh en solitario nacida en 2011. Llevar ese material a la escena operística, ponerlo a dialogar con una orquesta y un libreto del XIX, fue un ejercicio de traducción: el mismo cuerpo despojado de Pinza, ahora vestido con la fantasía escenográfica de Heinemann.
No fue interpretación vocal ni actuación textual. Fue cuerpo puro insertado en los intersticios de la ópera, ese territorio donde el butoh y el verismo pucciniano, aparentemente irreconciliables, encontraron un punto de fricción fértil.


SINOPSIS
Nagasaki, principios del siglo XX. El teniente Pinkerton compra una casa en la colina y, a través del casamentero Goro, una esposa: Cio-Cio-San, una geisha de quince años a la que llaman Madama Butterfly. Para ella el matrimonio es para siempre; para él, un contrato con cláusula de fuga. El cónsul Sharpless intenta advertirle. Pinkerton no escucha.
Tres años después, Butterfly sigue esperando con el hijo de ambos. Cuando el barco de Pinkerton entra por fin en el puerto, la alegría dura poco: regresa casado con una mujer americana, dispuesto a llevarse al niño. Butterfly acepta entregarlo, pide quedarse a solas un momento y, con el cuchillo de su padre, se quita la vida.
NOTA DEL ARTISTA
Entrar en Madama Butterfly fue un sueño hecho realidad y a la vez un desafío inesperado. Para muchos, un cuerpo de butoh lucharía contra una partitura que no necesita ayuda para emocionar. Mi tarea no era ilustrar a Puccini, sino abrir una grieta donde el cuerpo pudiera decir lo que la voz todavía no canta. Heinemann decía que la creatividad solo nace de la destrucción; esa idea, que en él se traducía en vestuario que casi devora la escena, en mí se traducía en un cuerpo que se deshace para poder decir algo. La sombra que yo sostenía era, en el fondo, un cuerpo puesto al servicio de esa misma pregunta: quién juzga a quién, y desde qué lugar.
Volver a Pinza [Machina Mundi] dentro de esta producción fue descubrir que ciertas coreografías nacidas de una soledad oscura podían sostenerse también rodeadas de coro y orquesta. El cuerpo despojado no necesitó vestirse de otra cosa: solo encontrar su sitio entre los compases ajenos. Y tener la oportunidad de ser acompañado por más de 50 músicos fue una experiencia sublime, una vez que cada parte encontró su tensión, era un momento arrebatador.
GALERÍA
FICHA ARTISTICA
- Clasificación: Ópera / Intervención coreográfica y corporal (butoh)
- Producción: X Festival d’Òpera d’Eivissa / Amigos de la Ópera de Ibiza
- Año: 2016
- Lugar: Palacio de Congresos de Ibiza, Santa Eulària des Riu
- Fechas de representación: 5, 7, 9 y 11 de septiembre de 2016
- Calificación por edades: TP
- Dirección de escena / Dirección artística: Armin Heinemann
- Dirección musical: Daniel Gil de Tejada — orquesta formada por músicos del Liceu y profesionales de las Pitiusas
- Reparto vocal: · Albert de Prius — B. F. Pinkerton, teniente de la marina de los EE.UU. (tenor) · Maribel Ortega — Cio-Cio-San, Madama Butterfly (soprano) · Carlos Daza — Sharpless, cónsul de los EE.UU. (barítono) · Laura Vila — Suzuki, sirvienta de Butterfly (mezzosoprano)
- Coreografía e interpretación corporal: Matilde J Ciria
- Vestuario: Armin Heinemann & Stuart Rudnick (Paula’s Ibiza)















